miércoles, 22 de enero de 2020

MORIR CON LAS BOTAS PUESTAS

Antes de que el día torne vida, ya estoy caminando,
y como cada madrugada, encogido por el frío, cabizbajo,
contemplo mis pies, cuento los pasos,
absorto en mis pisadas, y me detengo, pensando.

Tantas zapatillas tengo, y sin embargo, todas destrozadas,
cordones roídos, tela negruzca, suelas gastadas,
y a pesar de que las limpio cada semana
poco a poco se ensucian, simplemente, poco a poco, se acaban.

Parece un indigente -pensarán algunos-
parece un sintecho, un hobo, un homeless, un vagabundo.
Y muy a su pesar, razón no tienen ninguno,
pues mis suelas quemadas significan que han visto mundo.

Lo mismo pasa frente al espejo,
con veintisiete años cómo puedo tener mirada de viejo...
Pero mis patas de gallo, mis ojeras y mis arrugas son de sabio,
como aquél que dijo que romper con las raíces es derribar el árbol.

Antes de que el día torne vida, ya estoy cruzando la carretera,
y como cada madrugada, abrazado al calor que ésta proyecta,
contemplo mis pies, cuento los pasos, pensando...
El día que muera espero hacerlo con las botas puestas.


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